Lo cierto es que creia que estaría pensativo en estos dias, quizá por la acumulación de algun trabajo esté desviando la atención, no se. Sin embargo, hay algo que si me viene a la cabeza, y es el perder la conciencia de que ha pasado ya un año, y que en estas fechas, lo más que me preocupaba era su recaida en la depresión.
Cuando muere una madre, mucha gente "entiende" o "se puede imaginar lo que se siente y se piensa, pero entender, o imaginar, quedan bastante "externos", como dentro de uno mismo, teorico. Sin embargo, a mi la palabra comprender me suena a compartir (es el prefijo, ya, jajaja) lo mismo, sea lo que sea... Es más complejo. Lo cierto es que cuando ocurrió, mucha gente se acercó, y se oían frases como "un dia estamos aqui, y otros ahí", "no somos nadie", "que le vamos a hacer", "con lo buena que era", "hay que resignarse"... y cada uno lo entiende "asin", y desde su entendimiento, te miran, y a la frase que expresa todo su razonamiento, lo acompañan de una cara de "ajo pocho" para "empatizar"...

Pero ponerle esa cara a alguien que no la tenía... no es empatizar, ¡menuda gracia! No, es que, aunque tampoco tenía cara de fiesta, no estaba hundido, ¡Cristo me estaba sosteniendo! Sentí, y asi lo experimenté, un inusual consuelo, más con lo ocurrido, más con cómo me pongo yo con cualquier cosa... Parece inexplicable, pero Dios me estaba abrazando, dandome fuerzas, incluso para consolar a traves de mi...
Ni despues de un año puedo llegar a entender este misterio, solo sé que no es "agarrarse a algo", que se te muera una madre no es ir a una maquina de "refrescos" y elegir algo con lo que "evadirse de la realidad" o agarrarse. Es más bien que, no ya algo, sino "Alguien" se agarre a ti, como una madre, cuando su hijo se cae...
Pero el consuelo de Dios no solo se trasmitió asi, de una forma espiritual, no. Por que Dios se hace presente en muchas personas concretas que, aunque posiblemente no entendiesen ni más ni menos todo lo sucedido y mi estado, e incluso sin estar presentes físicamente, cuidaron de mi, de mi hermano, de mi padre, de toda mi familia...
Hablo de Susana, de Helena, de toda mi parroquia, de tantisimos sacerdotes, diaconos y todo el seminario, de Don Rafael, de la Fraternidad seglar en el Corazón de Cristo, de la Acción Católica, de Icthys, de Lerma-la Aguilera... y de tanta gente concreta, unida a Cristo, (e incluso otras personas, que, sin conocerle, están más cerca de Dios de lo que piensan)...En definitiva, de toda la Iglesia, una Madre en la que es impagable sentirse hijo.
Hoy, un año despues, se renueva ese agradecimiento, que se hace cada dia más y más grande. Al igual que el agradecimiento y amor a la persona que me trajo a esta Iglesia, y que cuido (y cuida) de que permanezca en ella: Mi madre.
¡Gracias, Mama!
